El recorrido avanza por el antiguo trazado del ferrocarril minero, siempre al borde del acantilado y con vistas espectaculares a la desembocadura del Barbadun y la playa de La Arena. Es un balcón natural donde el azul del Cantábrico se funde con la historia del hierro.
A lo largo del camino aparecen numerosos vestigios del pasado minero, como los imponentes restos de la Compañía McLennan o los hornos de calcinación de la mina Amalia Vizcaína (1900). Destaca especialmente la monumental base de piedra del cargadero del Castillo. Aunque su estructura metálica desapareció en un temporal en 2008, su cimentación sigue siendo una de las imágenes más reconocibles deel coto.